sábado, 27 de febrero de 2010

sábado en San Carlos

Durante aquel día Laura se sintió en el paraíso. Allí, nadando entre bebés con pañal sucio y mujeres obesas suplicando una mejor opción, se olvidó de todo. En el agua, mezclada con orines de niño y cenizas de Delicados, el tiempo no corría. Ese día no pareció tal. No hubo mañana, no hubo ocaso, no hubo noche. Sólo una extraña reconciliación con el universo. Las horas se expandieron al punto en que reventaron, y el vació de la conversación se encargó de hacer desaparecer todos los restos. Aquel fétido olor, aquel aroma amargo, resultado de la insalubre combinación de tacos de canasta, crema Nivea y brandy Bacardí le llenó por completo los pulmones, y por momentos sentía que dejaba la tierra, que sus brazos se agitaban y que podía elevarse por encima de todos los niños, y los ancianos pálidos de cuerpos sin forma, y las chaparritas prietas que se broncean con la panza mirando al firmamento. Aquel era el cielo del Dante. Mejor era no acordarse de nada. La belleza agota a los que no la tienen. La vulgaridad es cómoda, como un rayo de sol sobre las estrías y el ungüento contra quemaduras.

jueves, 25 de febrero de 2010


En 1959, Bruce Davidson, de la agencia Magnum Photos, realizó la serie "Brooklyn Gang", donde, de manera íntima, retrataba el día a día de los miembros de una pandilla, que se hacían llamar Jokers. La serie es un fiel documento, de una generación, que pese al apogeo económico de Estados Unidos, no hallaba un lugar, ni una manera de expresar sus emociones, miedos y ambiciones, y que no tenía certeza alguna sobre lo que le deparaba el futuro. Con la sombra de la Guerra Fría, Corea detrás y Vietnam en camino, con peliculas de amenazas interplanetarias y lujosos musicales en la pantalla, una incipiente televisión y una música que significaba el escaparate más excitante, con jazz y rhythm & blues sonando en la radio, los objetos de analizis de Davidson se preparan para una década de cambios vertiginosos, en donde la aparente inocencia de la norteamérica de los 50's quedaría como un recuerdo, vago y distorsionado, para generaciones futuras.

In the still of the night
I held you
Held you tight
'Cause I love
Love you so
Promise I'll never
Let you go
In the still of the night

The Five Satins



Toda la tarde tuve el tick en el brazo. Me molesta, no me deja ser, no me deja tranquilo. Al menos no es notorio, lo supongo porque nadie ha dicho nada el respecto. No tengo idea de a que se deba. Estrés real, no lo tengo. Me invento mis problemas, o exagero los que tengo. Hoy no fui a verla, tampoco ayer, y tengo que el presentimiento de que algo malo se acerca. Tal vez mañana, cuando me plante frente a su puerta y toque brevemente el timbre, me deje afuera, finja que no se encuentra, como lo ha hecho ya antes. Pero ahora, no me afecta. Aunque ya antes he pensado/sentido eso, y termino devastado, muerto de rabia, dolor y impotencia. Y regreso triste y no sé que hacer, y me pongo a escuchar música con el volumen peligrosamente alto, hasta que las bocinas empiezan a oler a plástico quemado o hasta que mis oidos ya no aguantan los audifonos.

Hoy el día fue sencillo, fue dulce. Creo que podré prescindir, al menos por un tiempo, de mis tragedias infladas. Ya no tendré que exagerar cada reacción, cada señal de la gente, cada movimiento, cada significado oculto detrás de cada palabra, para sentirme importante, para sentir que afecto sus vidas más de lo que verdaderamente lo hago. Llamo a ésto mi buena racha. Nunca dura mucho, porque me aburre. Me aburre la tranquilidad, la felicidad de alcohoba tibia, la calma de cielo azul claro y el silencio de sepultura recien rellena de tierra. No lo soporto. Pero ahora, mientras escribo esto, estoy relajado. Lo único que siento, es una ligera emoción, un breve principio de euforia. Mañana conoceré a alguien, y hoy platique con alguien más por messenger, la platica fue prometedora. En la noche habrá fiesta, y ese sentimiento de que no será un día normal, me rellena de aire los pulmones, me endereza la espalda, y me llena de fuego las manos. Es lo único que me preocupa, siempre siento mis manos en fuego. Tal vez debería hacer caso a los que por años me han recetado ejercicio, deporte y disciplina. Déjenme con mis demonios, por favor, es una fiesta privada.

Pero ahora los chamucos duermen, o juegan en silencio, porque no me han llenado el pecho con dinamita. Será una noche larga, pero reconfortante. Mi única preocupación es no despertar a tiempo. Algunos dependen, al menos mañana lo harán, de mí: y eso es un agobio, un peso sobre los hombros. Pero realmente no importa. Pasa la vida, pasa y vuelve a pasar, y los afortunados nos sentamos a ver como giran las ruedas.

Hoy fue un bien día, y me entraron ganas de crear un blog.